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La campaña de Félix

Enrique Vargas Peña

Félix Argaña es candidato a la vicepresidencia de la República. El régimen de marzo tiene otros candidatos, menos obvios pero igual de oficiales, para asegurar que nada cambie tras las elecciones del 13 de agosto.

La campaña de Félix tiene un punto fuerte y algunas debilidades.

Dice, con razón, que si él triunfa habrá estabilidad para el régimen. Ese es su punto fuerte, porque el mensaje político debe contener elementos creíbles para ser efectivo y es absolutamente creíble para todos que Félix será fiel al régimen.

Los otros candidatos del sistema -los que reivindican el golpe del 28 de marzo de 1999- no exponen su fidelidad al régimen, buscando captar el voto de protesta que puede haber el 13 de agosto, pero al no hacerlo pierden credibilidad, pues nadie cree que los hombres que impusieron al país esta situación calamitosa podrán mejorar las cosas.

A su vez, decir que no traerá cambios es uno de los puntos débiles de Félix, porque el país está en las últimas. Y Félix es más de lo mismo.

Félix no cambiará la política económica, ni podrá hacer frente al nepotismo, a la corrupción, a la arbitrariedad, a la injusticia.

Para suplir esa debilidad, el régimen cuenta con la formidable maquinaria del partido Colorado y con la decisión de usar cuanto recurso sea necesario para inducir a los funcionarios públicos a apoyar la candidatura de Félix.

Cuenta además con la simpatía de al menos dos de los tres miembros del Tribunal Superior de Justicia Electoral, Juan Manuel Morales, argañista, y Rafael Dendia, casi argañista. Eventualmente podría contar con la simpatía del tercer miembro, Alberto Ramírez Zambonini, lainista.

Sin embargo, esto podría ser también insuficiente de continuar el deterioro de las condiciones de vida de la gente, por lo que el régimen está procediendo a reprimir, pura y duramente, cualquier intento de organizar una alternativa real a la dictadura, que por eso, justamente, es dictadura.

La campaña de Félix se parece cada vez más a las que hacía Stroessner, bombardeando masivamente al país con su publicidad mientras se hostigaba, "por orden superior", a los que tenían el valor de cuestionarlo.

Otra debilidad de Félix es el recuerdo de su padre: es visible a simple vista la diferencia enorme que hay entre un verdadero líder como Luis María Argaña, un peso pesado de la política paraguaya de los últimos treinta años, y su hijo.

Pero esto, paradójicamente, es consistente con el mensaje de estabilidad para el régimen que pronuncia Félix. No siendo un líder con peso propio, es creíble que será fiel al sistema.

Dadas las circunstancias presentes, es probable que Félix Argaña termine conquistando la vicepresidencia de la República.

Será un gran triunfo para el régimen y una gran tragedia para el país que se verá condenado a soportar al menos por tres años más todo lo que ha venido soportando desde el 28 de marzo de 1999.