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Hundirán el guaraní

Enrique Vargas Peña

El presidente del Banco Central del Paraguay, Washington Ashwell, acaba de anunciar que, a su juicio, el dólar norteamericano está subvaluado y que es conveniente que alcance lo que denominó "su nivel real".

Ashwell y el ex ministro de Industrias y actual asesor económico Guillermo Caballero Vargas son los responsables de la primera devaluación del guaraní, ocurrida a principios del lamentable régimen de marzo, que elevó el valor del signo monetario de Estados Unidos a sus actuales niveles de 3.300 guaraníes por dólar.

Antes de seguir hay que recordar que el valor de la moneda de un país está indicada, salvo en las sociedades que prefieren un patrón externo, por la relación entre la cantidad de esa moneda y el Producto Interno Bruto (PIB) de ese país.

Cuando Ashwell y Caballero Vargas resolvieron hundir al guaraní hasta "su nivel real" hace pocos meses, lo que hicieron fue aumentar deliberadamente la cantidad de guaraníes en relación al PIB.

Tenían para ello varios mecanismos disponibles, pero el usado fue la compra de dólares en el mercado, es decir vendieron guaraníes, aumentaron la cantidad de guaraníes en plaza.

Ahora están anunciando que hundirán más el guaraní.

¿Por qué?

Vayamos por parte. Al hundir el guaraní se reducen algunos costos relativos, sobre todo para las empresas que tienen mercados externos, para los exportadores. El principal costo que se reduce es el salario de los trabajadores paraguayos, fijado en guaraníes y sin la protección de una escala salarial indexada (que se ajusta automáticamente al mismo nivel de la desvalorización del guaraní).

Un porcentaje significativo de los bienes de consumo básico del Paraguay tiene componentes de costo basados en el dólar y, por tanto, la desvalorización deliberada del guaraní reduce el nivel de vida de las personas que ganan en guaraníes al restringir la capacidad de compra, ya porque debe optarse por productos de menor calidad, ya porque deben eliminar productos a los que antes se tenía acceso.

El salario de los trabajadores está completamente indefenso porque incluso el mecanismo de reajustes salariales legalmente ordenados con relación a la inflación está distorsionado por la recesión imperante (el PIB cae 1% en 1999), que tiende a reducir algunos precios en guaraníes y a presentar índices inflacionarios bajos, para no hablar de las nunca descartables manipulaciones de datos.

La reducción del costo "salario" permite a los exportadores bajar sus precios de venta, les permite ser artificialmente competitivos en el exterior.

Los exportadores no están reduciendo verdaderamente sus costos operativos, no están aumentando su eficiencia, ni, mucho menos, están renunciando a sus rentas, sino que están reduciendo los salarios de los paraguayos por la vía de la devaluación monetaria.

Los trabajadores paraguayos, pues, están subsidiando con su esfuerzo, con sus menores ingresos, las mayores riquezas que logran los exportadores.

Ellos serán ricos porque lucran reduciendo nuestros ingresos.

La desvalorización del guaraní, por supuesto, tiene efectos desastrosos mucho más generales que los aquí señalados, pero estos demuestran de manera inequívoca la perversa rapacidad del régimen iniciado el 28 de marzo de 1999.